Listas: Mis 10 discos favoritos de 2007

Procedente de Canadá, nos llegaba el tercer álbum de Feist. Salida del colectivo Broken Social Scene, la artista nos sorprendía por su amplia variedad de registros, de la delicadeza más absoluta («So Sorry», «How My Heart Behives») hasta conseguir impensables hits indies («I Feel It All» o la popular «1234»). Sus videoclips, dirigidos por Patrick Daughters, sentaron escuela, y algunos de ellos están entre los mejores de la década («1234» no puede faltar en ninguna lista). Una voz que siempre suena dulce y fuerte al mismo tiempo, y con el paso de los años se ha convertido en todo un referente.
9. David Fonseca – Dreams In Colour

El debut de este dúo francés, de precioso título y bellísima portada, es uno de esos discos que me encontré por casualidad. Suenan a hijo bastardo de la primera época de Perry Blake y de Jay-Jay Johanson con unas gotitas de encanto francés. Casi nada. Su vocalista, Simon Bureo, define su música como Un lugar donde el niño que llevamos dentro escapa para curar las heridas del mundo exterior. «Endless Song», «Mister K» o «U-Turn (Lili)» son canciones de una belleza brutal y una tristeza infinita. En francés suenan incluso más bellas sus canciones («Le Túnel d’Or»). Incluyen, además, una versión de un clásico de Billie Holiday, «Strange Fruit». Un disco para sibaritas.

Tras el asombroso debut de la joven banda, muchos se preguntaban si podrían superar el nivel de «Whatever People Say I Am…» o, al menos, igualarlo. El segundo disco era un examen a superar, y los Arctic Monkeys aprobaron con nota. Desde el arranque con la frenética «Brianstorm» hasta el romanticismo de «505», pasando por «If You Were There, Beware», «Do Me a Favour» o el magnífico ritmo endiablado de «Old Yellow Bricks». Algunos lo considerarán un disco de transición entre su primera etapa y el nuevo rumbo que han tomado, pero no lo es en absoluto. Escuchad «Fluorescent Adolescent» y decidme si este disco no vale la pena de verdad.

Conocida durante años por ser la mitad de Moloko, Roisin Murphy preparó a conciencia su segundo disco en solitario, después de «Ruby Blue». Una dirección artística impresionante en cuanto a vestuarios, los más extravagantes posibles para videoclips y conciertos (Lady Gaga no fue la primera), un glamour natural y, sobre todo, muy buenas canciones. Roisin se erigía diva del pop independiente con hits incontestables como «Overpowered», «You Know Me Better» o «Let Me Know», pero no por ello dejaba de lado la sensualidad en temas como «Primitive» o «Dear Miami». Si quisiese podría pisotear a Gaga y convertirse en la diva más grande.

Parecía que después de sus ambiciosos «Want One» y «Want Two», Rufus Wainwright no podría sorprendernos, pero lo hizo. Arropado por unos increíbles arreglos orquestrales, Rufus empieza cantando Do I Disappoint You/ for Just Being Human?. No sólo no decepciona, sino que suena más grandioso que nunca, tanto cuando plasma su decepción y su vergüenza por todo lo que hacen los EEUU supuestamente en nombre de sus ciudadanos («Going to a Town») como cuando bromea sobre el sexo («Between My Legs») o se muestra frágil y sensible («Not Ready to Love»). Un discazo que sólo podía firmar una diva de la canción, unas canciones que sólo suenan magistrales en la voz de Rufus.
Su paso del inglés al castellano en «Maniobras de Escapismo» y su cambio de registro solamente les dieron buenos frutos. Con «Cuentos Chinos…» la banda demostraba que lo suyo no era casualidad y se confirmaban como uno de los grupos que renovarían el pop en español. «Universos Infinitos», «Los Colores de Una Sombra» o la gracia de «Te Amo» y «Villancico Para Mi Cuñado Fernando» contienen magníficas letras que forman ya parte de la historia de la música española. Una colección de canciones que han sentado las bases para buena parte de la música indie española que ha venido después.

Pocas veces ocurre que una jovencita de 20 años consigue poner de acuerdo a crítica y público con su primer disco. Éste es el caso de Kate Nash, que se metió a todos los británicos en el bolsillo con este «Made of Bricks». Su primer single, «Foundations», le dio tal popularidad que su discográfica tuvo que adelantar casi dos meses la salida del disco. El secreto de su receta: letras sobre amores adolescentes, a veces incluso infantiles, manteniendo el equilibrio entre la dulzura y la sinceridad, llamando a las cosas por su nombre y todo ello acompañado por una música alegre y contagiosa. Unas veces hablando sobre la rarita de la clase («Mariella»), discusiones de pareja («Foundations»), pidiendo un inocente beso («Pumpkin Soup») o hablando de un amor no correspondido («We Get On»). Un disco de esos que dejan siempre buen sabor de boca y una sonrisa en nuestra cara.

Hay discos que son como pequeñas semillas. Si las dejamos a un lado no llegarán a nada, pero si las interiorizamos en nuestras almas y las regamos a menudo, crecen de forma majestuosa. «Neon Bible» es algo así. Es un disco que crece junto al que lo escucha, que es ahora más grande que cuando se publicó, y que lo será todavía más dentro de diez años. Todas las canciones son realmente maravillosas, pero hay que hacer especial mención a temas como «Intervention», «Keep the Car Running» o «No Cars Go», una asombrosa y épica canción de despedida (conocemos un sitio al que no van los barcos/ conocemos un sitio al que no van los aviones…) que consigue emocionar al ritmo de ese «ooooh oooh ooooh» que me humedece los ojos cada vez que lo escucho. Sublime.

No sé cómo hablar sobre este disco. No es maravilloso, no es una obra maestra, es lo siguiente. Lo más grande de este álbum quizás sea, más allá de sus grandes canciones, su capacidad para inspirar a aquel que lo escucha. El quinteto británico, capaz de reinventarse una vez tras otra, presentaba una obra maestra que surgía rodeada de polémica acerca del precio de la música (la banda colgó su disco al principio como descarga gratuita a cambio de la voluntad y, aún así, ganó más dinero que la parte que le correspondería al editarlo en formato físico). Magníficas canciones como «Nude» (so don’t get any big ideas/ they’re not gonna happen/ you’ll go to hell/ for what your dirty mind is thinking…), la emocionante «All I Need», la rockera «Bodysnatchers» o la triste despedida de «Videotape». Decía Chris Martin (Coldplay) que el mundo sería un lugar distinto si George W. Bush escuchase a Radiohead. Probablemente tiene razón. A veces un disco puede llegar a cambiar el mundo.
2007, en mi nada modesta pero siempre discutible opinión, fue el año de "Neon bible". Pero claro, es que ése es uno de mis discos favoritos sin fechas ni categorías. Y eso que soy muy de Thom Yorke y compañía. Mucho mucho. Pero como mi "Neon bible", nada…